Cuatro productos, un mismo motor y una misma regla: si la evidencia no alcanza, el número no se publica. Lo que cambia entre ellos es la pregunta que responden — y quién la hace.
Escriba una dirección o suelte un pin, y el motor arma la valuación con anuncios reales de la zona: un rango con su banda — de cuánto a cuánto, con el central marcado — nunca un solo número sin contexto.
Cada comparable viaja con su fuente y su fecha de captura; la deduplicación se muestra — el mismo inmueble en cuatro portales es una propiedad — y la dispersión de la zona queda a la vista. Un número que no aguanta esas preguntas no se entrega.
El mapa y la tabla de colonias: mediana de venta y de renta con su conteo, días en mercado, nivel socioeconómico, marginación oficial y el límite real INEGI dibujado — sabrá exactamente dónde empieza y termina cada colonia.
Un municipio como Zapopan tiene una sola cifra pública; adentro trae cientos de colonias que no se parecen entre sí. Rumbo responde al nivel donde se decide: la colonia. Y una colonia con menos de diez anuncios activos muestra su conteo y calla el precio.
El ranking mes contra mes ordenado por cambio, no por nivel, midiendo el mismo inmueble dos veces — nunca el brinco de la mediana, que en datos reales llega a inventar variaciones absurdas. Cada porcentaje trae al lado cuántos pares lo sostienen.
El análisis espacio-temporal clasifica cada municipio en 17 categorías — nuevo, intensificándose, persistente, debilitándose — con significancia estadística. Describe lo que ya pasó, no una proyección; se publica cuando el panel alcanza los cortes que exige.
El mismo motor de comparables y valuación, servido por HTTP con llave de acceso: su sistema manda la dirección, recibe el rango, los comparables y el dictamen. Lo que corre aquí corre igual detrás de su software.